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Barcelona romana
Los orígenes de la ciudad de Barcelona, que se han podido
establecer gracias a los restos arqueológicos y las fuentes literarias y
cartográficas, se remontan al siglo I a.C., cuando los romanos establecieron
una pequeña colonia alrededor del monte Táber. Barcino entraba, así, a formar
parte de la Hispania citerior, cuya capital era Tarraco.
En Cataluña las ciudades romanas eran pequeñas - a excepción de Tarraco- pero
formaban una red densa bien comunicada que cubría todo el país. Unas se
formaron sobre antiguos poblados ibéricos y otras, como es el caso de
Barcelona, desplazaron el enclave indígena hacia zonas llanas de fácil
defensa, o sobre posiciones claves entre dos ríos en sitios elevados.
Por los alrededores de esta ciudad llamada Barcino se han encontrado también
restos de antiguos establecimientos indígenas, incluso de la época del final
bronce. En cambio, los restos de las dos murallas romanas muestran claramente
que fue la colonia romana del monte Táber el primer núcleo urbano estructurado
de toda la llanura. Un núcleo que se mantendría amurallado -con varios
trazados- hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el plan Cerdà del ensanche
derribaría las últimas murallas para iniciar la urbanización del resto de la
llanura, donde habían prosperado otros núcleos urbanos como Sants, Gràcia o
Sant Martí de Provençals.
La Barcelona Románica
En el largo periodo que va desde el siglo IV hasta el siglo XIII, Barcelona
consolidó el núcleo urbano fundado por los romanos, iniciando una expansión
que configuraría definitivamente el futuro de la ciudad. Después de sucesivas
conmociones políticas y del alejamiento de la frontera con los musulmanes,
Barcelona se vio fuertemente influida por el impacto del proceso de feudalización
y por el creciente comercio marítimo, manteniendo y fortaleciendo su papel de
centro político, religioso y comercial.
Los rasgos más significativos de crecimiento urbano están marcados por la
aparición de los arrabales y de las "Villas nuevas" y, paralelamente,
por el ennoblecimiento del interior de la ciudad.
Al final del siglo XIII la ciudad construyó una segunda muralla para proteger
estos nuevos arrabales concentrados alrededor de la actual Santa María del Mar,
allí donde se encontraban las "Villas nuevas" más activas de
Mercadal, del puerto y de la acequia Comtal.
La Barcelona Gótica
Barcelona, como el ideal renacentista, surgió de la expansión medieval como
una ciudad que había llegado a sus límites espaciales y que, en estos largos
siglos de estancamiento, se disponía a ordenar su tejido urbano y, también, su
tejido social.
Si las murallas del siglo XIII habían resguardado las "Villas nuevas"
creadas fuera del recinto romano, a partir del siglo XIV Barcelona protegió,
nuevamente con un tercer tramo de muralla los campos de cultivo del Raval.
En el interior del nuevo perfil urbano, cuando la corte se había alejado de sus
puertas y el Mediterráneo se hacía pequeño frente al comercio del Atlántico,
la Barcelona consolidada erigió la ciudad gótica alrededor del estructurado
centro geométrico y político de la plaza Sant Jaume, mientras aparecía con
fuerza la ciudad artesanal alrededor de Santa María del Mar, en el barrio de La
Ribera, que convertiría a Barcelona en una ciudad de mercaderes, navegantes,
comerciantes y profesionales. Era una ciudad participativa, corporativa y
selectiva. Era la Barcelona de los gremios.
La Barcelona Neoclásica
El siglo XVIII inició y finalizó, en Barcelona, con dos acontecimientos bélicos:
la derrota militar de 1714 en la Guerra de Sucesión y la guerra contra las
tropas Napoleónicas en 1808.
Éste fue el siglo de la Ilustración, de las luces y del Despotismo Ilustrado.
El siglo en que el filósofo alemán Immanuel Kant resumió como "atrévete
a pensar por ti mismo" y en el que los cambios que acontecían en toda
Europa cristalizaron en el estallido de la Revolución Francesa de 1789.
La Barcelona del siglo XVII vio como iniciaba, después de la derrota militar,
un nuevo crecimiento económico impulsado, según ilustrados de la época como
Antoni de Capmany, por la política de los Borbones, los gastos militares en la
ciudad, la aparición de las fábricas de indianas y de algodón y la libertad
de comercio con América. Era una ciudad aún amurallada y militarizada, donde
se había levantado la fortaleza de la Ciudadella para protegerla y dominarla, y
donde las reformas interiores llevaron a urbanizar el Raval y la Rambla y a
embellecer las calles principales de la ciudad con fachadas y edificios de
estilo neoclásico.
La Barcelona de aquella época era una ciudad en ebullición, una ciudad que
empezaba a abandonar las antiguas formas de vida campesina y se disponía a ser
una ciudad moderna y un centro industrial. Era el fin del Antiguo Régimen y el
inicio del Capitalismo.
La Barcelona Modernista
Desde la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la República
de 1873, Barcelona participó de las distintas convulsiones sociales y políticas
que se vivieron en todo el Estado. Fueron años de alborotos, huelgas, tumultos,
incendio de conventos, bombardeos y otras confrontaciones que denotaban las
fuertes tensiones que convivían en la ciudad.
La ciudad pasó de capital de provincia en 1833 a ser gobernada por Juntas
Provisionales y Revolucionarias y por Comités de Salvación Pública a lo largo
del siglo.
A pesar de todo, la misma conflictividad de la ciudad apareció con nuevos
cambios que la transformarían radicalmente, cuyos símbolos más evidentes
fueron el derribo de las murallas, que aún resguardaban la ciudad, cosa que
permitió el ensanchamiento, la agregación de las ciudades vecinas y la
destrucción de la ciudadela militar para acoger la Exposición Universal de
1888. También se iniciaron en el interior del recinto amurallado las reformas
urbanísticas dirigidas a solucionar la degradación y la falta de espacios públicos.
La ciudad industrial que era Barcelona -era "la pequeña Manchester"-
inauguró el primer ferrocarril en 1848, efectuó las desamortizaciones de los
bienes eclesiásticos y acogió la fundación de los sindicatos UGT en 1888 y
CNT en 1910.
La "Febre d'or" de finales de siglo dio paso a compañías como la
Transatlántica o Crédito y Docks y el renacimiento cultural acogió la
restauración de los Juegos Florales y la emergencia del catalanismo político y
de la creación literaria.
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